s comprensible que los padres se inquieten ante cualquier signo de desviación ocular en sus hijos, especialmente durante los primeros meses de vida. El estrabismo, definido como la desalineación de los ojos, no solo afecta la apariencia cosmética, sino también el desarrollo visual adecuado y la interacción del pequeño con su entorno. En este artículo, exploraremos a fondo el proceso del desarrollo visual en la infancia, las señales tempranas que pueden indicar un estrabismo, el papel de la evaluación oftalmológica y la importancia del diagnóstico y tratamiento oportunos.
El desarrollo visual durante la primera infancia
Durante los primeros años de vida, la visión atraviesa un proceso de maduración sorprendentemente rápido y dinámico. Aunque los recién nacidos pueden ver apenas luces y sombras, en cuestión de semanas comienzan a enfocar objetos cercanos y reconocer rostros, especialmente el de su madre. La coordinación entre ambos ojos y el cerebro se va perfeccionando progresivamente: hacia los 2 o 3 meses de edad, la mayoría de los bebés pueden fijar la mirada de manera más constante en objetos cercanos, seguirlos con la mirada y empezar a mostrar una cierta coordinación entre ambos ojos.
Este proceso continúa afinándose durante el primer año. Hacia los 4 a 6 meses, el bebé debería ser capaz de sostener la mirada en un objeto, seguirlo con ambos ojos de forma más precisa y empezar a desarrollar la visión binocular (la capacidad de fundir las imágenes provenientes de cada ojo para percibir el mundo en tres dimensiones). Es durante estos primeros meses de vida que podemos comenzar a detectar, en algunos casos, problemas de alineación ocular.
¿Es normal que los bebés presenten una ligera desviación en los primeros meses?
Es bastante común que los padres noten que, en las primeras semanas, el bebé parece tener los ojos un poco desviados en ocasiones, especialmente hacia adentro. Esto puede deberse a que el puente nasal no está completamente formado y la piel del párpado genera la apariencia de un estrabismo que en realidad no existe; a esto se le conoce como “pseudostrabismo”. Además, al no haber alcanzado todavía una coordinación completa, es posible que de vez en cuando un ojo parezca desviarse momentáneamente.
En la mayoría de los casos, estas situaciones se resuelven solas a medida que el bebé crece, su puente nasal se va definiendo y su sistema visual madura. No obstante, es importante estar atento si la desviación es constante, notoria o si persiste más allá de los 4 a 6 meses de edad. En esos casos, la evaluación por un especialista es fundamental.
La detección temprana del estrabismo
La edad a la que se puede diagnosticar el estrabismo depende de varios factores. En primer lugar, si existe una historia familiar de estrabismo u otros problemas visuales, conviene que el bebé sea evaluado por un oftalmólogo pediatra a una edad temprana, incluso antes de los 6 meses, para detectar cualquier señal de alarma. La presencia de desviaciones constantes, incapacidad para fijar objetos o movimientos oculares anómalos pueden sugerir la necesidad de una evaluación más completa.
Por lo general, un estrabismo significativo, como la esotropía infantil (desviación hacia adentro que aparece muy temprano, a menudo antes de los 6 meses), puede diagnosticarse a partir de esa edad. Asimismo, la exotropía intermitente (desviación hacia afuera que aparece ocasionalmente) puede observarse antes del año de vida. Sin embargo, en muchos casos, el estrabismo se hace más evidente entre los 12 y 18 meses, cuando el bebé ha desarrollado una mayor fijación visual y coordinación motora.
Señales que deben alertar a los padres
Como padres, es importante observar cómo el bebé sigue los objetos con la mirada, si fija la vista en tu rostro, si muestra predilección por mirar con un ojo en lugar del otro o si uno de sus ojos parece “irse” hacia dentro, fuera, arriba o abajo. Si estas señales persisten más allá de los primeros meses, es recomendable acudir a una consulta oftalmológica.
Algunos signos que pueden indicar la presencia de estrabismo incluyen:
- Una desviación ocular constante en cualquier dirección, notoria incluso cuando el niño mira de frente.
- El niño tuerce la cabeza para enfocar mejor un objeto, lo que puede sugerir que está intentando compensar la desviación.
- Parpadeo excesivo o cierre de un ojo en ambientes muy luminosos, a veces asociado a la exotropía.
- Dificultad para fijar la mirada o para seguir con ambos ojos el movimiento de un objeto.
La importancia de la evaluación oftalmológica temprana
El momento ideal para evaluar la visión de un niño varía, pero en general se sugiere una primera evaluación oftalmológica alrededor de los 6 meses de edad, especialmente si existen factores de riesgo (historia familiar, prematuridad, enfermedades sistémicas o alteraciones del desarrollo). Si los padres o el pediatra sospechan de algún problema visual, esta evaluación debe realizarse cuanto antes.
La evaluación por un especialista en estrabismo implica un examen oftalmológico completo, que incluye la medición del alineamiento ocular, pruebas de reflejo luminoso y fijación, determinación de la agudeza visual (adaptada a la edad del niño), evaluación de la refracción (para descartar la necesidad de gafas) y exploración del fondo de ojo, si el bebé colabora o si es necesario. Un diagnóstico temprano permite iniciar el tratamiento lo más pronto posible, optimizando las posibilidades de corregir el problema con mayor éxito.
Tratamientos según la edad y tipo de estrabismo
El tratamiento del estrabismo varía según la edad y el tipo de desviación. Si el niño es diagnosticado tempranamente, se pueden aplicar medidas como el uso de gafas para corregir errores refractivos, parches oclusivos para tratar la ambliopía y ejercicios ortópticos para mejorar la coordinación binocular. En casos más severos o cuando las medidas conservadoras no funcionan, la cirugía puede ser necesaria.
La ventaja de diagnosticar el estrabismo en edades tempranas es que el sistema visual es más plástico y, por ende, más susceptible de corrección. Cuando se aborda el problema a tiempo, se puede prevenir la ambliopía, mejorar la visión binocular y reducir la necesidad de cirugías repetidas o terapias prolongadas en el futuro.
¿Y qué pasa si el estrabismo se diagnostica más tarde?
Aunque el estrabismo se puede diagnosticar en diferentes etapas de la niñez, el ideal es detectarlo antes de que el niño cumpla los 2 o 3 años. Después de esta edad, el desarrollo visual se va estabilizando y la posibilidad de mejorar la visión binocular disminuye. Esto no significa que no se puedan lograr mejoras significativas más adelante, pero entre más pronto se aborde el problema, mejores serán los resultados.
En niños mayores que comienzan a manifestar una desviación ocular o cuyos padres no notaron la desviación antes, el tratamiento puede seguir siendo efectivo, pero quizá se requiera un abordaje más complejo, incluyendo terapias visuales más intensivas, gafas, o incluso cirugías. La clave está en no ignorar las señales y consultar a un especialista en cuanto se perciban anomalías.
El papel de los pediatras y educadores
Los profesionales de la salud, como los pediatras, tienen un rol fundamental en la detección temprana del estrabismo. Dado que los pediatras realizan controles regulares durante los primeros meses y años de vida, están en una posición privilegiada para observar cualquier signo de alarma. También los educadores, al convivir con los niños en entornos como guarderías o preescolares, pueden identificar señales sutiles y sugerir a los padres que realicen una consulta oftalmológica.
La colaboración entre padres, pediatras y oftalmólogos es esencial para establecer diagnósticos tempranos. Si un pediatra detecta una posible desviación o si el niño presenta factores de riesgo, será derivado a un especialista para confirmación y manejo del problema.
La evaluación continua a lo largo de la infancia
Incluso si un niño no presenta problemas aparentes, es recomendable someterlo a evaluaciones oftalmológicas periódicas. Por lo general, se sugiere un examen a los 3 años de edad, otro alrededor de los 5 o 6 años (antes de iniciar la educación primaria) y, posteriormente, de acuerdo con las recomendaciones del oftalmólogo. Estas evaluaciones periódicas permiten detectar no solo estrabismo, sino también otros trastornos refractivos oculares que podrían afectar el rendimiento escolar y la calidad de vida.
Conclusión
La edad a la que se puede diagnosticar el estrabismo varía según el tipo y la severidad del problema, pero en general, se recomienda prestar atención a cualquier signo de desviación ocular desde los primeros meses de vida. Si la desviación es constante, persistente más allá de los 4 a 6 meses o se acompaña de otras señales de alarma, es fundamental acudir a un oftalmólogo pediatra para una evaluación detallada. El diagnóstico temprano permite intervenir en una etapa en la que el sistema visual del niño está en pleno desarrollo, aumentando las posibilidades de mejorar la alineación ocular, la visión binocular y la calidad de vida a largo plazo.
Mi objetivo es brindar a las familias la información necesaria para reconocer las señales tempranas, entender la importancia de un diagnóstico oportuno y buscar una atención oftalmológica adecuada. Con un abordaje integral, seguimiento constante y el apoyo de padres y pediatras, es posible abordar el estrabismo desde sus etapas iniciales, facilitando la recuperación de la función visual y favoreciendo el pleno desarrollo del niño. Al final, la detección temprana y el tratamiento oportuno del estrabismo pueden marcar la diferencia entre una visión limitada y una experiencia visual clara, estable y enriquecedora para el niño a medida que crece y explora el mundo que le rodea.